Nos encontramos ante una transformación estructural en la manera en que los sistemas públicos comprenden la discapacidad, la dependencia y la vulnerabilidad social. No se trata únicamente de introducir innovaciones organizativas, sino de un cambio de paradigma que redefine la relación entre ciudadanía, derechos sociales y políticas públicas.
El proyecto “Disability Empowerment” que se enmarca plenamente en los principios de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, así como en la Estrategia Europea sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad 2021–2030 de la Comisión Europea, que impulsa modelos de vida independiente, desinstitucionalización progresiva y apoyo comunitario basado en derechos.
El modelo “Disability Empowerment” representa una transición estructural desde un enfoque asistencial centrado en la protección hacia un modelo basado en derechos, capacidades y proyectos de vida. En el ámbito del IVASS, esta transformación se materializa en un sistema de atención personalizada que alcanza actualmente a más de 6.000 personas a través de más de 40 recursos —centros de día, residencias, viviendas supervisadas, programas de apoyo comunitario y dispositivos específicos para personas con medidas judiciales de apoyo—.
No obstante, el verdadero cambio no reside únicamente en la arquitectura de recursos, sino en la redefinición de la lógica de intervención pública, que implica:
- Pasar de la gestión del cuidado a la gestión de la autonomía.
- Sustituir intervenciones homogéneas por itinerarios personalizados basados en planificación centrada en la persona.
- Evolucionar de decisiones profesionales unidireccionales hacia procesos de toma de decisiones compartida.
- Reemplazar servicios estandarizados por apoyos flexibles, graduados y revisables en el tiempo.
Este enfoque se alinea con las recomendaciones europeas en materia de desinstitucionalización, inclusión comunitaria y servicios de proximidad, así como con los principios de eficiencia social y sostenibilidad de los sistemas de bienestar.
El objetivo central es garantizar que las personas con discapacidad desarrollen proyectos de vida autónomos y sostenibles, mediante apoyos personalizados, flexibles y centrados en la persona. El modelo se articula en torno a principios clave: autonomía medible, inclusión comunitaria, calidad de vida integral, reducción del aislamiento social, normalización de trayectorias vitales y redes de apoyo entre iguales.
La metodología del modelo “Disability Empowerment” se fundamenta en la planificación centrada en la persona, la evaluación continua mediante indicadores de progreso y el seguimiento longitudinal de itinerarios. La intervención se orienta a la gestión de la autonomía, promoviendo procesos de toma de decisiones compartida que sitúan a la persona en el centro de su propio proyecto vital. Sobre esta base metodológica se articula una arquitectura estructurada en siete pilares interdependientes, que configuran un modelo de autonomía sostenible:
- Autonomía efectiva y medible, entendida como capacidad funcional y decisional en contextos reales.
- Inclusión comunitaria estructural, evitando la segregación institucional y promoviendo entornos accesibles.
- Mejora integral de la calidad de vida, incorporando dimensiones emocionales, físicas, sociales y subjetivas.
- Redes de apoyo entre iguales como fuente de capital social y aprendizaje experiencial.
- Esperanza como factor clínico y social, vinculada a procesos de recuperación y resiliencia.
- Reducción del aislamiento social, identificado como determinante clave en la cronificación de la dependencia.
- Normalización de trayectorias vitales, entendiendo que una vida autónoma y significativa es alcanzable con apoyos adecuados.
Este marco se complementa con herramientas de evaluación continuada, como escalas de autonomía funcional y sistemas de seguimiento longitudinal, que permiten medir avances, ajustar apoyos y garantizar la coherencia del modelo en el tiempo.
La validación del modelo “Disability Empowerment” se sustenta en la evidencia empírica generada a través de itinerarios reales, que permiten observar de manera directa el impacto de los apoyos personalizados en la vida de las personas. Estos casos muestran resultados consistentes en términos de mejora de la autonomía personal y social, evidenciando que la combinación de planificación centrada en la persona, apoyos flexibles y seguimiento longitudinal favorece procesos sostenidos de emancipación, estabilidad y participación comunitaria.
Con el relato de diversas historias de vida buscamos dar visibilidad a experiencias reales de personas que han construido sus proyectos vitales en contextos de dificultad y que, aun así, gracias a los apoyos adecuados, han logrado seguir avanzando. Los itinerarios de referencia —Teo, Helga, Estrella y Juanvi, Jaime y Pitu, y Francisca— evidencian mejoras en autonomía personal y social, transiciones exitosas hacia vida independiente o apoyada, estabilidad emocional y continuidad de apoyos en situaciones críticas. Estos resultados confirman que la autonomía es un continuo dinámico, no un estado fijo.
- El caso de Teo ejemplifica procesos de desinstitucionalización y reconstrucción de la autonomía en contextos de alta vulnerabilidad. Su trayectoria vital estuvo marcada por institucionalización prolongada desde la infancia, múltiples cambios de recurso y dificultades adaptativas asociadas a un historial traumático. Una valoración integral reciente permitió identificar un trastorno del vínculo y discapacidad intelectual leve en dicho contexto. La implementación de un modelo de apoyo comunitario favoreció su estabilización emocional y funcional. Actualmente reside de forma independiente, mantiene autonomía en la vida diaria, presenta estabilidad clínica y ha dejado de requerir medidas de apoyo judicial. Se encuentra en fase de consolidación de un proyecto vital autónomo junto a su pareja.
- El itinerario de Helga constituye un ejemplo de emancipación progresiva desde recursos residenciales hacia vida independiente en comunidad. A través de apoyos flexibles y personalizados, ha logrado consolidar su autonomía residencial, mantener estabilidad personal y acceder a empleo ordinario, favoreciendo su plena integración comunitaria. Su evolución evidencia la eficacia de los modelos de apoyo gradual centrados en la persona para promover trayectorias vitales normalizadas y sostenibles.
- Los casos de Estrella y Juanvi ilustran procesos de transición desde recursos supervisados hacia entornos comunitarios con apoyos ajustados a sus necesidades. Sus itinerarios ponen de manifiesto la relevancia de la continuidad de apoyos en momentos críticos, así como la capacidad de resiliencia ante situaciones de emergencia, como la DANA en Benetússer. Durante dicho episodio, la estabilidad del acompañamiento permitió preservar su bienestar y evitar retrocesos en su proceso de autonomía, demostrando la importancia de sistemas de apoyo robustos y adaptativos.
- Los casos de Jaime y Pitu representan intervenciones en viviendas tuteladas bajo un modelo de autonomía asistida. La actuación profesional se centra en el desarrollo de habilidades adaptativas, la gestión de la vida diaria y el fortalecimiento de la autogestión personal. Este enfoque permite promover niveles crecientes de independencia, garantizando apoyos proporcionales, revisables y orientados a la mejora continua de la autonomía funcional.
- El caso de Francisca, mujer nacida en 1936 y en situación de curatela representativa, refleja la complejidad de los procesos de atención en personas mayores sin red familiar. Ante un deterioro cognitivo progresivo y la pérdida de autonomía, se determinó la necesidad de supervisión en actividades básicas y cuidados continuados. Tras la valoración conjunta con Servicios Sociales, se concluyó la imposibilidad de garantizar una permanencia segura en el domicilio, procediéndose a la solicitud de un recurso residencial. Su ingreso en una residencia pública ha permitido asegurar cuidados estables, una adecuada adaptación al entorno y el mantenimiento de vínculos comunitarios mediante visitas del vecindario, lo que contribuye positivamente a su bienestar emocional.
El proyecto impulsa una transformación organizativa profunda, en la que el sistema de apoyos deja de funcionar como una estructura de sustitución para convertirse en una plataforma de activación de capacidades. Este cambio redefine el rol profesional hacia un perfil facilitador, orientado a acompañar procesos vitales, mediar apoyos y promover la toma de decisiones compartida. En este marco, los recursos dejan de concebirse como destinos finales para pasar a ser nodos dentro de itinerarios vitales, articulando trayectorias personalizadas y flexibles. Asimismo, la persona deja de ser definida por su diagnóstico para ser reconocida por su proyecto vital, su contexto y sus aspiraciones. Esta transformación requiere una reorganización de la gobernanza del sistema, que se orienta de manera prioritaria a resultados personales, calidad percibida y eficacia social, consolidando un modelo de intervención coherente con los principios de autonomía, inclusión y derechos.
Desde la red ELISAN, se reconoce que transformaciones de este alcance deben ser compartidas, comparadas y co‑construidas a nivel internacional, dado que los desafíos vinculados a la discapacidad intelectual, la salud mental, la dependencia o la exclusión social presentan patrones estructurales comunes en Europa y América Latina. Por ello, se requieren respuestas coordinadas basadas en la transferencia de conocimiento entre sistemas de bienestar, el intercambio de buenas prácticas basadas en evidencia, la evaluación comparada de modelos de desinstitucionalización, la innovación en políticas de inclusión comunitaria y el desarrollo de indicadores comunes de autonomía y calidad de vida. Asimismo, el proyecto se alinea con las prioridades emergentes de la Comisión Europea para 2026 en materia de innovación social, transición hacia cuidados comunitarios y fortalecimiento del voluntariado como agente de cohesión social.
Una idea que sintetiza el espíritu de este proyecto: la autonomía no es un recurso que se asigna, sino un proceso que se construye socialmente. Y ese proceso solo es posible cuando convergen tres elementos esenciales: personas con aspiraciones, sistemas que habilitan y comunidades que acompañan.
El proyecto “Disability Empowerment” no constituye un punto de llegada, sino una plataforma abierta de aprendizaje colectivo, en permanente evolución. Por ello, les invito no solo a conocer esta experiencia, sino a contrastarla, debatirla y enriquecerla en el marco de estas jornadas internacionales sobre ciudades inclusivas para familias sostenibles, que convierten a València en un espacio de referencia para el debate europeo y latinoamericano sobre el futuro de las políticas sociales.
Porque el verdadero impacto no será haber implementado un modelo en un territorio concreto, sino haber contribuido, entre todos, a consolidar un nuevo estándar europeo e internacional en el que la autonomía, la inclusión y la dignidad no sean excepciones, sino el punto de partida de cualquier sistema de bienestar.
